Publicado: 14 de Noviembre de 2017 a las 12:24

  • La lente de contacto se coloca sobre la capa lagrimal que recubre la córnea y la esclera para la compensación de errores refractivos del ojo. Existen diferentes tipos rígidas, blandas, permeables al gas, desechables o cosméticas. Es muy importante resaltar que la adaptación de unas lentes de contacto no se debe realizar jamás sin un estudio previo del caso por parte del óptico – optometrista, y depende de diversos factores: un profundo estudio de las características oculares, una cuidada selección de los materiales, una estrecha colaboración entre el posible usuario y el profesional y un eficaz seguimiento posterior. El deterioro de las lentes de contacto se debe, con frecuencia, a desidia en la limpieza diaria de las lentes y es, en muchos casos, una de las causas más importantes de la aparición de problemas oculares. Pueden contribuir al deterioro los depósitos de productos lagrimales (proteínas, lípidos y sales de calcio), los de grasas y cosméticos, los originados por la contaminación ambiental y por los acumulados en el propio estuche donde se guardan, que puede contener hongos o bacterias por no limpiarlo o hacerlo de forma incorrecta. El manejo y cuidado de las lentes es sumamente importante si se quiere evitar no solo su deterioro prematuro, sin también toda una serie de problemas oculares. Todas las lentes de contacto deberán reponerse cuando sus características físicas y geométricas no estén en buen estado. A continuación y a título orientativo se indican los tiempos ideales e renovación:

  • Lentes blandas convencionales: Reemplazo anual.

  • Lentes permeables al gas: Reemplazo cada dos años.

  • Lentes rígidas: Reemplazo cada dos años (en desuso)

  • Lentes desechables diarias: Reemplazo diario.

  • Lentes desechables mensuales: Reemplazo mensual.